El asueto decretado por el Estado salvadoreño para el jueves 26 de marzo, con el fin de hacer una marcha en pro de “la vida, la paz y la justicia”, posiblemente tenga objetivos valederos y encomiables, pero su utilidad para resolver los problemas que nos tienen en una situación política, económica y social poco envidiable, es cuestionable, y pareciera hasta cínico hacer una marcha por la vida cuando en El Salvador, apegados a la letra de la famosa canción ranchera “la vida no vale nada”, con la zozobra de las extorsiones, robos y la delincuencia, el estado emocional y mental de la población es calamitoso, tenemos una tasa de homicidios de las más altas del mundo, entonces ¿cuál paz? Y hablar de justicia cuando campea la impunidad, cuando incluso el Estado ha perdido control territorial y lo ha cedido a “las maras” y la misma policía es objeto de emboscadas y ataques con armas de guerra, hablar de justicia ya es un absurdo o el colmo del cinismo, sino pregunten a las decenas de familias que a diario pierden a uno de sus miembros, o a quienes se ven obligados a huir de sus lugares de residencia por amenazas de las maras, pregunten a quienes han tenido que cerrar sus negocios y renunciar a la esperanza de una vida mejor.